Fue increíble la aventura en esta piscina natural en medio de la selva y rodeada de naturaleza.

cenote-el-cuyo

Desde Casa Cuyo, fuimos a conocer y adentrarnos a esta nueva aventura a la cual nos han invitado.
Para llegar desde El Cuyo hay que ir en dirección a Colonia Yucatán, un pueblo que tuvo un pasado exitoso como exportador de madera. En el camino pudimos ver varios ranchos, árboles en los dos lados de la carretera, por momentos apreciar cómo se forma un túnel verde, creando una sensación
placentera de que la naturaleza nos envuelve.

el-cuyo-street

Ya llegados al rancho, Catalina nos recibió como a su propia familia y nos dio un pequeño tour de su lugar. Es típico de esta zona de Yucatán que tengan casas con vacas, caballos, borregos, cerdos y demás animales, también huertos orgánicos, árboles frutales como bananas, mangos, zapote, limones,
naranjas, mandarinas, y aguacates, entre otros.

Luego de su introducción, nos llevó a montar a caballo por la selva, una experiencia inolvidable. Vimos aves salvajes de muchos colores, colibríes, mariposas, y demás criaturillas. Como
consejo para el mejor disfrute sugerimos dejar los dispositivos electrónicos fuera de este plano, para poder apreciar y ver mejor la naturaleza que nos está rodeando, cada segundo de atención cuenta.

Acalorados y contentos por la monta de caballo nos fuimos a refrescar al cenote. Bajando las escaleras de piedra para llegar nos da una sensación de mística y naturaleza, una vez abajo
quedamos muy impresionados; es increíble ver las lianas colgando, cómo los árboles y enredaderas de la jungla levan sus ramificaciones y raíces a beber el agua dulce del cenote. Allí comienzas a entender por qué los mayas lo consideraban un lugar sagrado. Su agua fresca nos quitó el calor enseguida, sus grandes rocas bajo el agua nos dan una sensación de inmensidad y a la vez un poco de vértigo, y los rayos del sol entrando por el gran hueco son un espectáculo que se puede apreciar tanto fuera como dentro del agua.

Es de recordar que para poder bañarse en estas aguas no se debe usar ningún tipo de protector solar o repelente de insectos; la contaminación de los cenotes es un tema serio y muchas especies locales
dependen de esta agua para vivir, desde plantas y árboles, hasta aves, animales más grandes y nosotros, los humanos.

Luego de refrescarnos en el bello cenote, Catalina nos llevó a comer varias comidas típicas de Yucatán, y como todos saben, la base de una buena comida es tener buenos ingredientes, y qué mejor que estar en un rancho con huerta orgánica, huevos de patio, frutas frescas, especias recién cortadas, tortillas hechas a mano, entre otras cosas. Quedamos más que agradecidos de comer algo tan fresco y con tanta identidad, de conocer
gente tan amable, de vidas sencillas pero a su vez puras y auténticas, y de que compartan este hermoso
lugar con nosotros. Nos vamos con la convicción de que conocimos el verdadero Yucatán.